Eleuterio Gómez se levantó del catre en medio de la penumbra. Una lámpara que colgaba de un cable lanzaba una luz mortecina. El cuarto era una pocilga con paredes descascaradas. Una mesa y una silla totalizaban el mobiliario del lugar.
Eleuterio volcó un poco de leche en un jarro ennegrecido para colocarlo luego sobre la hornalla de un calentador. Un mendrugo de pan completaba la comida de esa noche fría y solitaria. Recostado otra vez en eso que simulaba ser una cama encendió una radio a válvulas, más vieja que su propia desesperanza.
De pronto un par de botas se detuvieron frente a la persiana. El que calzaba las botas, un hombre de unos 25 años, alto, vestido de traje y con una valija en la mano golpeó decididamente la persiana, esperó un instante, pasó un minuto sin respuesta y repitió la escena. Nada, ninguna señal de vida del otro lado,
El hombre volvió sobre sus pasos y entró en la carnicería del pueblo. Detrás del mostrador estaba la gorda Gloria. De un barral colgaban cabeza abajo tres gallinas y un trozo de carne en medio de un revoloteo de moscas.
--Hola doña Gloria. Saludó el recién llegado
--¡Pedrito! Tanto tiempo, por dónde andabas
--Me fui a la capital, progresando, tratando de ser alguien en la vida
--Que bien pedrito, y ¿qué te trae por acá?
--Estoy buscando a mi tío, ¿lo ha visto doña Gloria?
--Sí, Eleuterio está trabajando frente al cine Monumental
--Gracias doña Gloria, ¿le puedo dejar la valija mientras tanto?
--Sí hijo, déjela nomás...
Eleuterio estaba sobre la vereda, su pinta era casi la de un pordiosero, barba de varios días, camisa arrugada, debajo una camiseta con varios agujeros y manchas de grasa, el pantalón tenía lamparones de todo tipo y antigüedad, un par de zapatos destartalados remataban su vestuario.
Antorcha en mano ejecutaba su número ante un grupo de curiosos. Tragaba y escupía fuego. Tomaba largos tragos de kerosene que retenía en la boca y luego los iba escupiendo alternativamente sobre la antorcha provocando unas llamaradas intensas, casi como un lanzallamas humano. La gente se admiraba y aplaudía. Luego de varias llamaradas, Eleuterio se metía la antorcha en la boca y se tragaba el fuego provocando un ¡uuuuuuuhh! de admiración. Otra vez los aplausos. Eleuterio sonreía y agradecía con su sombrero raído en la mano solicitando una moneda como pago del público por el espectáculo.
Pedro lo miró a los ojos con lástima y desprecio. Eleuterio se sorprendió al verlo de golpe.
--¡Pedrito! Mijo, ¿cuándo llegó?
--Reciencito nomás. ¿No le da vergüenza tío?
--¿Qué....?
--¡Pedir limosna así tío!
--¿Vergüenza? Vergüenza es robar. Yo soy un profesional independiente, me mando a mi mismo, soy mi propio patrón
--¡Tío, por favor! Si al menos fuera a changuear al frigorífico
--Noooo. Ni de ahí, para que me exploten no
--Usted no sabe tío que primero debe tener muchos patrones para después mandar....
--Yo soy libre Pedro. Voy y vengo. Trago fuego y eso me gusta...Así nomás carajo, no me jorobe más que tanto....
--Claro, así de fácil nooo. Míreme a mi tío, yo me estoy haciendo un futuro en la capital, tengo un traje propio, me compré una radio nuevecita, mire, mire, esto es progresar....Quién lo va a invitar a usted con esa facha, mírese nomás.
Eleuterio no dijo nada más, juntos se fueron hasta la pieza donde vivía. Allí se alojó el sobrino recién llegado de la capital. Eleuterio en su infinita pobreza quería a ese hijo de su hermana muerta hace unos años. Pedro era su única familia, por llamarla de alguna manera. Ambos sólo se tenían a sí mismo, por eso a pesar de los reproches se abrazaron con un cariño del alma.
Al día siguiente, Eleuterio entró a la carnicería y un par de piernas lo saludaron desde lo alto de una silla. Era Gloria que estaba reparando la ganchera. Eleuterio se quedó mirando esas piernas rosadas y apetecibles. Desde arriba la gorda lo relojeo y le preguntó:
--¿Qué está mirando hombre?
--pues.... nada, nomás yo pensaba...
--¿Pensando qué? preguntó Gloria bajándose de la silla
Eleuterio acercó sus manos al cuerpo rollizo de Gloria que reaccionó airada.
--Saque esas manos mugrosas de acá. No se da cuenta que soy una mujer decente.
--Buenooo, está bien...yo nada más pensaba...
--Pensaba, pensaba...No piense más hombre y consígase un trabajo pedazo de vago sin futuro.
--¡Gloria, yo soy un profesional, soy mi propio patrón, trago fuego!
--Claro, claro. Mire nomás al patrón, dijo con lástima resignada.
Al momento Gloria se compadeció de Eleuterio que al fin de cuentas era una buena persona y ella lo apreciaba.
--Ya, ya Eleuterio, está bien no se me ponga malito, ya sabe que puede contar conmigo para todo.
--¿Para todo?
--Para todo, menos para eso...Vaya, vaya.
Eleuterio salió silbando bajito con sus instrumentos a cuestas para otra función de lanzallamas y traga fuego.
Ya en la plaza del centro se puso a repetir su número ante la mirada atónita de un grupo de chiquilines. Esta vez no alcanzó a completar el espectáculo, un chaparrón sorpresivo lo dejó sin público, así que juntó sus petates y también se fue a refugiar junto a un grupo de personas debajo de un alero. Un muchacho delante de él lo miró sonriente y Eleuterio le devolvió la sonrisa. El joven lo volvió a mirar inquieto y le preguntó:
--¿Usted qué hace?
--¿Yo?...Nada, solo me refugio de la lluvia
A la conversación se sumó una señorita de ojos saltones y piel muy blanca.
--Cómo que no hace nada, y ¿qué va a decir cuando le toque?
--¿Cuándo me toque qué? Preguntó Eleuterio
--Sí, sí, dijo el joven, esta es la fila para el concurso de caramelos Mu-Mu del canal...
Eleuterio escuchaba y miraba a los dos sin entender nada...
--Yo por ejemplo imito a Sandro -dijo el pibe- ¿No cree que me parezco?
--Pues....sí, dijo Eleuterio dudando un poco y advirtiendo las patillas largas y los pantalones ajustados del chico
--Y yo -intervino la muchacha de ojos saltones-, soy una soprano al estilo de Gianamaría Hidalgo
--Ajá, qué bien, contestó Eleuterio que seguía sin entender del todo...
--Pero hombre, comentó casi excitado el imitador de Sandro, si uno gana el concurso le dan 5 millones de pesos, una temporada en un teatro y la grabación de un disco...
--Asíiii, dijo Eleuterio alargando la i y abriendo los ojos como dos huevos fritos. Resolvió quedarse en la fila nada más que por curiosidad y atraído por la cantidad de plata que daban de premio. Nunca había visto 5 millones de pesos juntos y ni se los imaginaba.
Fue avanzando en la fila hasta que llegó su turno. Una joven y atractiva secretaria le preguntó cómo se llamaba y que cantaba para anotarlo en el concurso.
--Pues...Me llamo Eleuterio Gómez, pero no canto.
--¿Cómo que no canta?
--No, yo solo trago fuego.
--Aah, claro. ¡Robertooo! acá hay uno que traga fuego...
--No sirve si no sabe cantar, respondió Roberto desde otra oficina.
--No, no, espera, intervino Ricardo -el socio de Roberto en ese negocio- anotalo por las dudas, nos puede ser útil, ya vas a ver le dijo.
--Está bien, aceptó Roberto, y le indicó a la secretaria que lo inscribiera para el concurso
--Bueno, respondió la chica. Firme acá le dijo a Eleuterio y mañana se viene de traje le ordenó.
--No, mire..., dijo por lo bajo Eleuterio, traje no tengo...
--Hay Dios mío, suspiró la piba, ¡Ricardooo! Dice que no tiene traje.
Ricardo se acercó y estudió a Eleuterio de arriba abajo y le dijo a la secretaria:
--Que vaya con el modisto, necesita un traje.
Eleuterio no sabía bien dónde se había metido, pero decidió seguir adelante nada más que por curiosidad y la tremenda atracción que le provocaba el premio de 5 millones. La fantasía que eso le disparaba no tenía fronteras.
El modisto resultó una mariposa que comenzó a tomarle medidas por todos lados, lo manoseaba acá o allá, mucho no le gustaron las medidas que tomó en sus entrepiernas, Eleuterio comenzó a encabritarse.
--Pero hombre, ¡basta de tocarme! ¿Acaso me vio cara de pollo?
--Ay bueno, no se enoje. Tengo que tomar las medidas para su traje...
Eleuterio no lo escuchaba, su atención estaba puesta en un traje distinto que podía ver en una vidriera. Era el disfraz de un rey Inca, se trataba de una túnica color verde intenso, bordada con hilos de oro. La corona era una especie de gorro frigio lleno de plumas multicolores, parecía el casquete que usan las vedettes en los teatros de revista. Todo el equipo se completaba con un par de botas atadas con tiras sobre la pantorrila.
--Este quiero...., dijo con seguridad Eleuterio.
El modisto intentó ensayar una protesta pero no pudo con la decisión de Eleuterio. Así fue nomás, allí marchó Eleuterio enfundado en su traje de rey Inca mientras esperaba su turno para actuar. En el escenario estaba el imitador de Sandro.
El animador con la voz al cuello lo presentó poco menos como si fuera Frank Sinatra. El público gritaba entusiasmado.
--¡Yyyyyyyaquíiiiicoooonustedeees...Caramelos Mu-Mu tiene el agrado de presentar al más grande, a la voz......Florencioooo, ellll eléctricoooo!
La gorda Gloria, Pedro y los demás vecinos de la cuadra estaban reunidos tomando mate frente a la tele esperando la actuación de Eleuterio. Había una mezcla de ansiedad y orgullo de ser familiar o amigo de alguien que en minutos iba a salir en el programa más popular del pueblo, se paraban todas las actividades para mirar los concursos Mu-Mu.
De pronto la imagen de Eleuterio cobró una dimensión inesperada, iba a ser famoso y eso los atraía como hacia un imán. Gloria recordaba las veces que pensó en el talento innato de Eleuterio y cosas por el estilo. Pedro, el sobrino de la capital, no paraba de elogiar a su tío y así cada uno decía conocer algo especial de Eleuterio.
Florencio el eléctrico duró poco arriba del escenario, el animador lo despidió sin mucho trámite con el premio consuelo de una bolsa llena con caramelos Mu-Mu.
Tras el imitador de Sandro, el locutor llamó al escenario a la soprano de ojos saltones y comenzó a interrogarla sobre su estilo y experiencia artística.
--Y..., muy bien señorita ¿con qué canción nos va a deleitar?
--Ayyysiiii, voy a cantar "palomita blanca" en tono de soprano
--Ah, qué bien elegido el tema...y dígame...para que el público sepa, ¿qué experiencia tiene en el canto señorita?
--Buenooo...canté una vez en el cumpleaños de una tía...
--Claro, jeje...vamos a escucharla entonces señorita, adelante...
Allí fue la soprano, se acercó al piano y arrancó con un alarido.
--¡Palomitaaaaaa blancaaaaa!, etc, etc
No llegó a la segunda estrofa, el público no paraba de chiflar, el animador entró abruptamente en escena, la tomó de un brazo y la despidió antes que le comenzaran a tirar tomates.
--¡Muy bien señorita, excelente! Acá tiene una bolsa de caramelos Mu-Mu de premio y siga participando....
En medio de una gritería disconforme con el espectáculo, el locutor miró a los productores para ver qué hacía, la cosa se le estaba yendo de las manos. Desde el control preguntaron quién seguía, Ricardo ordenó: ¡Qué salga el traga fuego! No hay nadie más.
El locutor recibió la indicación de un asistente y se dispuso a anunciarlo....
--Y ahora, estimado público y televidentes, un número especial, algo nunca visto. Desde el corazón del Machu Pichu....¡Eleuterio Gómez, el rey Inca que traga fuego! Adelante, adelante amigo...
Allí fue Eleuterio con sus instrumentos y esa vestimenta estrafalaria. En la casa de la gorda Gloria hubo un estremecimiento de emoción colectiva cuando Eleuterio apareció en pantalla.
--Ahí está, ¡vamos tío!, ese es mi tío gritaba Pedro poseído por una repentina euforia.
--¡Silencio! Reclamó con urgencia la gorda Gloria, ya empieza
Así era, Eleuterio comenzó su número. Tomaba largos tragos de kerosene que retenía en su boca y luego escupía sobre la antorcha haciendo el efecto del lanzallamas. El público en el estudio lanzó un ooooh de admiración, cada nueva llamarada impresionaba más y más. Comenzaron a aplaudir el espectáculo. Una música de suspenso de fondo le daba un marco espectacular al acto. Eleuterio empujado por la emoción del público comenzó a simular lo que él creía podía ser una danza incaica, saltaba alternativamente de un pie al otro y lanzaba un grito como de guerra o algo por el estilo. El paroxismo del público llegó al final cuando Eleuterio, tras una intensa llamarada, se tragó el fuego de varias antorchas. Un ¡uuuuuuuuuhhhh! Como una ola bajó de la platea.
Ricardo y Roberto no lo podían creer, había superado toda expectativa y resolvieron darle el premio mayor.
--¡Extraordinario, magnífico, sensacional! No alcanzan los calificativos decía el animador. Usted es el ganador del concurso de caramelos Mu-Mu. Lo dice el público con su aplauso.
La euforia en el estudio era general, en la casa de la gorda Gloria el delirio había cobrado ribetes inusitados
Ricardo y Roberto, junto al animador no paraban de felicitar a Eleuterio por el éxito de su actuación
--Mi amigo, -le dijo Ricardo- lo prometido es deuda... Acá tiene el cheque por 5 millones de pesos que usted se ganó en buena ley.
Eleuterio agarró el cheque, lo miraba y no paraba de reír de felicidad, el corazón le saltaba en el pecho como un canguro. Estaba en una nube, no sabía si era un sueño o qué. Pensaba que si estaba soñando no se quería despertar más. Los pensamientos se le agolpaban en la cabeza sin dar tiempo a diferenciar uno de otro. Se lo llevaron en andas, lo subieron a un camión de los bomberos y lo pasearon por el centro del pueblo. De pronto el mendigo que todos conocían se había convertido en príncipe casi por arte de magia. En la casa de la gorda Gloria lo esperaban con carteles y pasacalles al grito de ¡Eleuterio, Eleuterio viejo y peludo nomás! Todos brindaban con Eleuterio, el nuevo millonario del pueblo. Luego de largas horas de fiesta, de a poco, los vecinos se iban yendo no sin antes recomendarle a Eleuterio algo: "comprá ganado" decía uno, otro le aseguraba que invertir en la bolsa era más beneficioso y todos así por el estilo. Eleuterio los miraba y casi no podía entender, hacía apenas unos días, cada vez que lo veían con su traza se cruzaban de vereda para evitarlo, ahora lo asesoraban. Al final se fueron todos y solos se quedaron la gorda Gloria y él. Gloria se acercó como una gatita mimosa y le ronroneaba cosas al oído. Esa noche durmieron juntos, los gritos de la gorda lo desconcentraban a tal punto que se levantó de la cama pero ella lo atraía nuevamente.
--Mi hombre cuanto lo esperé, usted es mi Hércules, el primero y el único, venga, venga ya...
Al día siguiente todo el mundo lo saludaba al paso en la calle. El sastre del pueblo le dijo que fuera a probarse unos trajes, el zapatero otro tanto y que además le iba a regalar unas galochas para los días de lluvia, etc.
Había ocurrido un milagro, pero ese milagro estaba cimentado en la plata. Eleuterio pensó que su destino lo había atrapado. Se daba cuenta que no saludaban a Eleuterio Gómez sino a sus 5 millones y eso no le gustó. La gorda Gloria ahora era su amante y le hacía la comida y lo atendía como a un príncipe. Pensó que pasaría con Gloria si perdiera sus 5 millones, que pasaría con todos....Recordó haber leído alguna vez a un filósofo que afirmaba que el hombre siempre busca la felicidad y también decía que la felicidad más perfecta es la del alma, la del ejercicio de las virtudes. La virtud -decía el sabio- es un modo de pensar y de sentir que todo se da en su justo medio. Lo que veía y escuchaba Eleuterio ya no le gustaba, sentía que todo era exagerado, le habían sacado su vida. No buscó trabajo en el frigorífico del pueblo para no ser explotado pero ahora se sentía preso y acosado por una sensación que le oprimía el corazón. Resolvió tomar una decisión para cambiar esa situación. Pronto todos se enterarían.....